El concurso era de Arquitectura y ellos lo ganaron escribiendo un cuento. 'Que le contó la muralla al bosque' es el título de la historia con la que construyeron su proyecto Juan Antonio y Paloma, dos estudiantes de Arquitectura de Granada, España. Línea a línea, su diseño se convirtió en un lugar para soñar, dentro de un entorno de ensueño. El pabellón de lectura que diseñaron dentro del bosque de la Alhambra fue el ganador del concurso ibérico -era para estudiantes de España y Portugal- que proponía Pladur.
El objetivo del concurso incluía el uso innovador de las placas de pladur, las finas láminas blancas empleadas para hacer estanterías. Con este material había que diseñar un punto de lectura en un espacio público, donde pudieran leerse u oírse cuentos. En Granada, este lugar mágico tenía que ser la Alhambra. Se fijaron en el bosque porque es un lugar de acceso público y encontraron una pequeña construcción escondida entre los árboles en el que ubicar el pabellón principal.
'Blanco Alhambra'
Para darle un sentido a esa construcción blanca, por el color del pladur, comenzaron a investigar sobre la Alhambra y surgió la idea del cuento. «La Alhambra en su origen era blanca, se tiñó de rojo por el color de la tierra de la colina», explica Juan Antonio. «Y las paredes de la Alhambra están llenas de inscripciones», apunta Paloma. Ya tenían los dos ingredientes básicos de la historia, que conciben como un diálogo entre la muralla del monumento y el bosque. Y así, como un cuento, presentan el proyecto.
«La muralla solía contarle al bosque las historias que había vivido a lo largo de sus casi ocho siglos de vida...». Así empieza el primer capítulo del 'cuento'. En estas conversaciones entre la muralla, que defendía los palacios de la Alhambra, y el bosque a sus pies. Este último se dio cuenta de que la muralla estaba triste porque había perdido su color blanco original, y porque los castillos tenían cuentos y leyendas en su interior y ella no.
En el cuento, el bosque le propone a la muralla un trato: Ella podría sustituir algunas de sus piedras por libros y él le ofrecería espacio entre sus árboles para poder disfrutar esas historias. Así construyen los muros de 'piedras blancas' -cada una es una placa de pladur- en los que se albergarán los libros y buscan un sentido a los distintos puntos de lectura que distribuyen por todo el bosque.
El 'blanco' de esas paredes que hacen las veces de estante cobran sentido con la historia de los jóvenes, que proponen estos muros como intercambiadores, en los que cualquiera que visite el bosque puede llevarse uno y dejar otro.
Pero ese pabellón, que diseñan para veinticinco adultos y veinticinco niños, protagoniza más capítulos del cuento. Y es que, «la muralla, en agradecimiento a la muralla por todo lo que había hecho por ella, pensó en regalarle un trozo de cielo estrellado». En ese capítulo sexto de la historia se explica cómo es el techo de la edificación, con muchos puntos de luz a modo de pequeñas estrellas, para que pueda usarse también de noche.
Entre árboles
Juan Antonio y Paloma explican que no sólo se podrá leer en ese pabellón, sino que su proyecto incluye distintas plataformas asociadas a árboles y farolas de los ya existentes en el bosque alhambreño.
El proyecto de los jóvenes resultó ganador entre los presentados en Granada y también se alzó con el premio en el concurso ibérico. «Nuestro profesor -Juan Diego Guerrero-, se puso muy contento cuando supimos que habíamos ganado», explican los chicos, que acudieron con él a Madrid a recoger el premio.
Además, la disposición de las placas de pladur, que ellos cortaron en tres tamaños diferentes, también les ha valido una mención y «una empresa instaladora se ha comprometido a usar esta fórmula», explican los jóvenes. En su proyecto, las placas van pegadas y dispuestas de la misma forma que en los muros de la Alcazaba de la Alhambra.
Los dos universitarios están trabajando ya en el proyecto fin de carrera, les queda poco para ser arquitectos 'licenciados'. Paloma trabaja en unas viviendas experimentales en el complejo industrial de Jimesa y Juan Antonio en unas bodegas de Señorío de Nevada en Villanueva.
De poder elegir un proyecto con el que estrenarse profesionalmente, contestan sonrientes que les encantaría poder llevar a cabo el pabellón de lectura en el que han trabajado, «aunque no sabemos si sería posible». Pero puestos a soñar...
Lectores
Los dos se declaran amantes de la lectura, algo que seguro que les ayudó a la hora de pensar el cuento que daba sentido a todo el diseño. Él señala que le gusta la literatura fantástica, aunque tarda en admitir que se ha leído la trilogía de 'El Señor de los Anillos'. «Aunque ahora leo sobre todo revistas de arquitectura», dice con una mezcla de resignación e interés.
Paloma, por su parte, es más aficionada a la literatura hispanoamericana -Isabel Allende, Pablo Neruda- que también tiene sus dosis de fantasía. Entre los dos dibujaron la arquitectura de este 'cuento' que les ha valido ya un premio.
Estos dos talentos granadinos estarían encantados de poder seguir soñando en su ciudad, que es «como un queso gruyere, lleno de solares vacíos entre edificios», apunta Paloma. Por ejemplo, el solar de la Romanilla, «un sitio con muchas posibilidades», según declara Juan Antonio. De momento, piensan quedarse en Granada a seguir soñando.
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